El Cristiano y los Tatuajes:
Una Reflexión Bíblica sobre el
Templo del Espíritu
Como miembros de la Iglesia de Cristo, nuestra guía
fundamental es la Palabra de Dios. En un mundo donde las modas cambian
constantemente, es vital detenernos a escudriñar qué nos enseña la Escritura
sobre el cuidado de nuestro cuerpo y la imagen que proyectamos como hijos de
Dios.
Los tatuajes hoy en día están llevando a los jóvenes e incluso personas mayores a un abismo de perdición y confusión; Es ya común ver personas jóvenes imprimirse tatuajes, las razones son diversas, aunque todas equivocadas. 1) Por razones de modernismo es lo actual, 2) para complacer a otros y ser aceptados en su grupo de amigos o familiares, 3) razones de índole personal exaltar o llevar el recuerdo de un familiar o suceso importante para el. Y 4) para complacer su propio gusto o ego, simplemente le agrada y quiere exhibirlo a los demás . Dios en su palabra se pronuncia contra esto y es porque lo hacer por razones vanas, en si nuestro Padre Jehová y su hijo Jesús Cristo podría permitirlo pero si fuera por las razones correctas, hacerlo para honra y gloria de Dios pero lamentablemente no se hace así y por eso Dios lo repudia pues cae el vana idolatría adorando y venerando las cosas del mundo que te llevan a la ruina.
1. El Mandato en la Ley (Levítico 19:28)
Aunque hoy vivimos bajo la gracia, la Ley de Moisés nos
da luz sobre el carácter de Dios y lo que Él considera agradable. En Levítico
19:28 leemos: “Y no haréis rasguños
en vuestro cuerpo por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna. Yo
Jehová”.
Históricamente, estas marcas estaban ligadas a prácticas
paganas y ritos de idolatría. Dios quería un pueblo distinto, un pueblo santo
que no imitara las costumbres de las naciones que no le conocían. El tatuaje,
en su esencia antigua y en muchas de sus expresiones modernas, busca alterar la
creación original de Dios con fines de autoexpresión o identificación con el
mundo.
2. El Cuerpo como Templo del Espíritu Santo
El Nuevo Testamento eleva la importancia de nuestra
integridad física a un nivel espiritual profundo. En 1 Corintios 6:19-20,
el apóstol Pablo nos confronta:
“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está
en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido
comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro
espíritu, los cuales son de Dios.”
Si nuestro cuerpo no nos pertenece, sino que es la morada
del Altísimo, debemos preguntarnos: ¿Esta marca en mi piel glorifica a Dios o
me exalta a mí mismo? ¿Es necesario "decorar" lo que Dios ya hizo
perfecto?
3. La Doctrina de la Santidad y el Testimonio
La Biblia nos insta a ser santos porque Él es santo. Esto
implica una separación de lo mundano. Romanos 12:2 nos dice: “No os conforméis a este siglo”. El tatuaje es, por
definición, una conformidad con una cultura que prioriza la apariencia externa
y la rebeldía visual sobre la mansedumbre y la humildad cristiana.
Además, debemos considerar nuestro testimonio ante los
demás. Como predicadores y miembros del cuerpo de Cristo, nuestra vida debe ser
una carta abierta que lea "pureza" y "orden". Al marcar el
cuerpo de forma permanente, nos arriesgamos a poner un tropiezo innecesario o a
enviar un mensaje confuso sobre nuestra identidad en Cristo.
Conclusión
Dios diseñó al ser humano a su imagen y semejanza. Al
evitar los tatuajes y las marcas innecesarias, honramos la soberanía del
Creador y reconocemos que nuestra verdadera identidad no está en la tinta, sino
en el sello del Espíritu Santo en nuestros corazones.
Busquemos siempre que nuestra mayor señal no sea una
marca externa, sino el fruto del Espíritu que brilla desde adentro hacia
afuera, para la gloria de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz
admirable.