domingo, 28 de marzo de 2021

"¿Cómo saber si soy uno de los escogidos?

 

 

"¿Cómo puedo saber si soy uno de los escogidos?"


Aunque existen numerosas ideas de lo que exactamente significa la elección con respecto a la salvación, es indiscutible el hecho de que los creyentes son elegidos (Romanos 8:29-30; Efesios 1:4-5,11; 1 Tesalonicenses 1:4). En pocas palabras, la doctrina de la elección es que Dios elige, determina, escoge, predestina a aquellos que serán salvos. No está en el contexto de este artículo el determinar cómo funciona la elección. Más bien, la pregunta es: "¿Cómo puedo saber si soy uno de los escogidos?" ¡La respuesta es extremadamente sencilla: creer!

Dios nos llama a creer, a recibir a Jesucristo como Salvador, por gracia mediante la fe (Juan 3:16; Efesios 2:8-9). Si una persona verdaderamente confía únicamente en Jesús para la salvación y es obediente a su palabra, esa persona es una de las escogidas. Independientemente si la creencia asegura la elección, o si la elección produce el creer, ése es otro debate. Pero lo que es seguro es que el creer es la prueba de elección. Nadie puede recibir a Jesús como Salvador, a menos que Dios no lo atraiga (Juan 6:44). Dios llama o atrae a aquellos que Él ha predestinado o elegido (Romanos 8:29-30). La fe salvadora no es posible sin la elección divina, pero esto solo lo sabe Dios que en su inmenso poder sabe y conoce de antemano como serán las cosas antes de suceder. Por lo tanto, la fe salvadora es prueba de la elección.

El concepto de que una persona quiera ser salva pero no pueda porque no es escogida, es absolutamente ajeno a la Biblia. Nadie busca el plan de salvación de Dios por su propia voluntad (Romanos 3:10-18). Aquellos sin Cristo son ciegos a su necesidad de salvación (2 Corintios 4:4). Esto sólo cambia cuando Dios comienza a atraer una persona a Sí mismo. Es Dios quien abre los ojos e ilumina el entendimiento a la necesidad de Jesucristo como Salvador. Una persona no puede arrepentirse (cambiar la mentalidad acerca del pecado y de la necesidad de la salvación), a menos que Dios le conceda el arrepentimiento (Hechos 11:18). Por lo tanto, si usted entiende el plan de salvación de Dios, reconozca que lo necesita y siéntase impulsado a recibir a Jesucristo como su Salvador, luego crea y será salvo.

Si usted ha recibido a Jesucristo como su Salvador, confiando solo en Él para salvación, creyendo que Su sacrificio es el pago completo por sus pecados, felicitaciones, usted es uno de los escogidos, eso si recuerde que debe mantenerse fiel hasta el final para recibir la corona de vida, solo los vencedores entraran al reino de los cielos. Jesus dijo en Apocalipsis 2:10 "  Se fiel hasta la muerte, y yo te dare la corona de vida "  


domingo, 21 de marzo de 2021

¿ Es Jesús nuestro Sumo Sacerdote, ¿Qué significa ?"

 

"¿ Es Jesús nuestro Sumo Sacerdote, ¿Qué significa ?"


Jesús es nuestro Gran Sumo Sacerdote, recordemos que después de resucitar , pasa (40) días con los discípulos, el asendio a los cielos y su padre lo sentó a la diestra de su trono (Hebreos: 8:1), desde ese momento empezó a fungir como Sumo Sacerdote y abogado nuestro ante el Padre, y  a la vez supervisaba el crecimiento de su Iglesia.

Sumo Sacerdote es solo uno de los muchos títulos aplicados a Jesús, tales como; Mesías, Salvador, Hijo de Dios, Hijo del Hombre, etc. Cada uno se enfoca en un aspecto particular de lo que El es y lo que eso significa para nosotros. En el libro de Hebreos, Jesús es llamado un Sumo Sacerdote (Hebreos 2:17; 4:14). La palabra “sacerdote” conlleva un par de significados primarios. Primero, significa uno que es mediador en los servicios religiosos. Segundo, significa uno que es santo o apartado para llevar a cabo esos servicios.

El primer lugar donde encontramos la palabra usada en la Biblia es en Génesis 14. Abraham, el amigo de Dios, entró en batalla para rescatar a su sobrino Lot, quien había sido capturado por el ejército de Elam. A su regreso, Abraham fue recibido por Melquisedec rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo. Este hombre, cuyo nombre significa “rey de justicia,” bendijo a Abraham y al Dios Altísimo quien le dio la victoria a Abraham. En respuesta a esta bendición, Abraham le dio el diezmo (10 por ciento) de todos el botín de guerra a Melquisedec. Por este acto, Abraham reconoció la alta posición de Melquisedec como el sacerdote de Dios.

Años más tarde, Levi, el nieto de Abraham, fue elegido por Dios para ser el padre de la tribu sacerdotal. Cuando la Ley fue dada en el Monte Sinaí, los levitas fueron identificados como los sirvientes del Tabernáculo, con la familia de Aarón como los sacerdotes. Los sacerdotes eran responsables por hacer intercesión ante Dios por el pueblo, mediante la ofrenda de los muchos sacrificios que requería la ley. Entre los sacerdotes, uno era elegido como el Sumo Sacerdote, quien entraba en el Lugar Santísimo una vez al año en el Día de la Expiación, para colocar la sangre del sacrificio sobre el Arca del Pacto (Hebreos 9:7). Por estos sacrificios diarios y anuales, los pecados del pueblo eran temporalmente cubiertos hasta que viniera el Mesías para quitar sus pecados.

Cuando Jesús es llamado nuestro Sumo Sacerdote, es con referencia a estos dos sacerdocios previos. Como Melquisedec, Él es ordenado como un sacerdote aparte de la Ley dada en el Monte Sinaí (Hebreos 5:6). Como los sacerdotes levíticos, Jesús ofreció un sacrificio para satisfacer la Ley de Dios, cuando Él se ofreció a Sí mismo por nuestros pecados (Hebreos 7:26-27). A diferencia de los sacerdotes levíticos, quienes tenían que ofrecer continuos sacrificios, Jesús solo tuvo que ofrecer Su sacrificio una sola vez, ganando la redención eterna para todos los que vinieran a Dios a través de Él (Hebreos 9:12).

Otro punto importante acerca del sacerdocio de Jesús: –cada sacerdote es designado de entre los hombres. Jesús, aunque es Dios desde la eternidad, se hizo hombre a fin de sufrir la muerte y servir como nuestro Sumo Sacerdote (Hebreos 2:9). Como hombre, Él estuvo sujeto a todas las debilidades y tentaciones que tenemos nosotros, para que pudiera identificarse personalmente con nosotros en nuestras luchas (Hebreos 4:15). Jesús es mas grande que cualquier otro sacerdote, por lo que es llamado nuestro “Gran Sumo Sacerdote” en Hebreos 4:14, y eso nos da la confianza para acercarnos “al trono de gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.” (Hebreos 4:16).


domingo, 14 de marzo de 2021

La preexistencia de Cristo

 

La preexistencia de Cristo - Juan 8:48-59

Introducción

Los judíos habían llegado a tal punto de endurecimiento espiritual que ya no eran capaces ni de escuchar la palabra de Jesús (Jn 8:43,47). Esto era especialmente grave, porque como ahora les iba a decir, es el que guarda su palabra quien no verá muerte (Jn 8:51). Esta fue una de las más grandes promesas que Jesús hizo y que tendremos ocasión de considerar en este estudio.

(Jn 8:48-59) "Respondieron entonces los judíos, y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio? Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis. Pero yo no busco mi gloria; hay quien la busca, y juzga. De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte. Entonces los judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que guarda mi palabra, nunca sufrirá muerte. ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? ¡Y los profetas murieron! ¿Quién te haces a ti mismo? Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios. Pero vosotros no le conocéis; mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero le conozco, y guardo su palabra. Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy. Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue."

"¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano y que tienes demonio?"

En el pasaje anterior Jesús había dicho a aquellos judíos que en sentido espiritual no eran hijos de Abraham ni de Dios, sino que su verdadero padre era el diablo. Esto les había herido profundamente y reaccionaron montando en cólera contra el Señor. No podían permitir que él no reconociera los especiales privilegios espirituales que ellos creían tener por ser descendientes de Abraham. Pero los argumentos empleados por el Señor eran incontrovertibles y sus oponentes habían quedado reducidos al silencio.

"Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre"

Es curioso que el Señor no se defendió de la acusación de ser samaritano. En realidad, esto no era necesario, porque ellos mismos sabían que era mentira y algunas cosas es mejor ignorarlas. Pero quizá fue también porque los samaritanos le habían acogido y muchos habían creído en él (Jn 4:40-41).

En cualquier caso, con una incomprensible paciencia y misericordia, el Señor sí que negó el hecho de que estuviera endemoniado. Su argumento fue que si él estuviera gobernado por un espíritu inmundo, entonces no honraría a su Padre, porque los demonios son incapaces de honrar a Dios. Y Cristo honró al Padre como ningún ser humano ha podido hacerlo nunca. Eran ellos quienes le deshonraban al insultar a su Hijo: "El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió" (Jn 5:23).

"Yo no busco mi gloria; hay quien la busca, y juzga"

Cristo era el verdadero mensajero del cielo y por lo tanto no buscaba su propia gloria, sino la de Aquel que le había enviado, y por eso, mientras duró su ministerio terrenal, veló su gloria divina por la encarnación. Sólo en una ocasión él se transfiguró delante de tres de sus discípulos y ellos pudieron ver algo de esta gloria (2 P 1:16-18), pero esto fue algo excepcional, sin que a lo largo de todo su ministerio se percibiera en él la más pequeña sombra de ambición personal. Su pasión suprema era la de glorificar a su Padre celestial. Incluso, cuando más tarde pidió ser glorificado, era con la finalidad de que el Padre recibiera gloria: "Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti" (Jn 17:1). Y cuando pasaba por los momentos de mayor sufrimiento, su pensamiento seguía siendo el mismo: "Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre" (Jn 12:27-28).

"Hay quien la busca y juzga"

Cuando nuestra preocupación sea la gloria de Dios y no la nuestra, tampoco nos importarán demasiado los insultos y menosprecios de los hombres hacia nosotros. Al fin y al cabo, si sufrimos injustamente por la causa del reino de Dios, será Él mismo quien nos vindicará. Esto es lo que dijo el Señor Jesús a aquellos judíos que le menospreciaban. Sería su Padre quien se encargaría de buscar su gloria y juzgar a aquellos que le insultaban. Porque, por supuesto, era muy grave despreciar de ese modo al Hijo de Dios.

"Abraham murió y los profetas; y tu dices: El que guarda mi palabra nunca sufrirá muerte"

Los judíos interpretaron la expresión "nunca verá muerte" como refiriéndose a la muerte física. Pero el Señor no estaba diciendo que sus discípulos no morirían jamás. El se refería a la segunda muerte, la condenación eterna en el infierno junto al diablo y sus ángeles.

(Ap 2:11) "... El que venciere no sufrirá daño de la segunda muerte."

De hecho, el verdadero creyente ya ha pasado de muerte a vida:

 (Jn 5:24) "De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida."

"Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es"

Ya lo decía el proverbio: "Buscar la propia gloria no es gloria" (Pr 25:27). Y el Señor había renunciado a cualquier enaltecimiento propio o deseo de honor por parte de los hombres. Todo su interés se centraba en dar la gloria a su Padre celestial sin preocuparse por él mismo. ¡Qué ejemplo nos ha dejado para que sigamos sus pisadas! Desgraciadamente muchas veces estamos más pendientes de que los demás nos admiren a nosotros mismos que en redirigir las miradas hacia Dios para que admiren su gloria divina. Si estuviéramos más interesados en buscar la gloria de Dios no nos harían tanto daño el aplauso y la admiración humanas.

 (Ap 5:12-13) Dice :"El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos."

Pero habiendo dicho esto, es importante que digamos también que Jesús era totalmente digno de recibir la gloria y la adoración de parte de los hombres al igual que su Padre celestial:

Amen

domingo, 7 de marzo de 2021

"¿Qué es la Segunda Venida de Jesucristo?"

 

"¿Qué es la Segunda Venida de Jesucristo?"

 


La segunda venida de Jesucristo es la esperanza de los creyentes de que Dios está en control de todas las cosas, y que es fiel a las promesas y profecías de Su Palabra. En Su primera venida, Jesucristo vino a la tierra como un bebé nacido en un pesebre de Belén, tal como fue profetizado. Jesús cumplió muchas de las profecías del Mesías durante Su nacimiento, vida, ministerio, muerte, y resurrección. Sin embargo, hay algunas profecías respecto al Mesías, que Jesús aún no ha cumplido. La segunda venida de Jesucristo será el retorno de Cristo para cumplir las profecías restantes. En Su primera venida, Jesús fue el siervo sufriente. En Su segunda venida, Jesús será el Rey conquistador. En su primera venida, Jesús llegó bajo las más humildes circunstancias. En Su Segunda Venida, Jesús vendrá con los ejércitos celestiales a Su lado.

Los profetas del Antiguo Testamento no hicieron esta distinción clara entre los dos advenimientos. Esto puede verse en Escrituras tales como Isaías 7:14; 9:6-7; y Zacarías 14:4. Como resultado de las profecías que parecen hablar de dos individuos, muchos estudiosos judíos creyeron que habría ambas, un Mesías sufriente y un Mesías conquistador. Fallaron en entender que el mismo Mesías cumpliría los dos papeles. Jesús cumplió el papel del siervo sufriente (Isaías capítulo 53) en Su primera venida. Jesús cumplirá el papel del Rey y libertador de Israel en Su segunda venida. Zacarías 12:10 y Apocalipsis 1:7 describen la segunda venida, mirando hacia atrás a Jesús siendo traspasado. Israel, y el mundo entero, lamentarán por no haber aceptado al Mesías la primera vez que Él vino.

Después de que Jesús ascendió al cielo, los ángeles declararon a los apóstoles, “Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11). Zacarías 14:4 identifica el Monte de los Olivos como el lugar de la segunda venida. Mateo 24:30 declara, “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”. Tito 2:13 describe la segunda venida como una “manifestación gloriosa”.

La segunda venida es relatada con grandes detalles en Apocalipsis 19:11-16, “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en Su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino Él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y Su nombre es; EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De Su boca sale una espada aguda para herir con ella a las naciones, y Él las regirá con vara de hierro; y Él pisa el lagar del vino del furor de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en Su muslo tiene escrito este nombre; REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES”.

Comentario del autor de esta página.

En esta ocasión he querido traer el tema de la 2da venida de Cristo, tema que cada vez abordan menos las iglesias y sin embargo debiéramos hablar más y más sobre él, pues el tiempo se acerca y debemos estar preparados.

Hoy les traje un artículo con punto y coma de ( GotQuestions.org ) Link cristiano dedicado a difundir la palabra de Dios por el mundo, y uno de los más serios y certeros en las interpretaciones bíblicas (exégesis).

domingo, 28 de febrero de 2021

"¿ La expiación sustitutiva, Qué es ?"

 


"¿ La expiación sustitutiva, Qué es ?"

Jesucristo murió en nuestro lugar cuando Él fue crucificado en la cruz. Nosotros somos los que merecíamos estar en esa cruz y morir, porque somos nosotros los que vivimos vidas pecaminosas. Sin embargo, Cristo tomó el castigo en Sí mismo en nuestro lugar. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.” (2 Corintios 5:21). Él tomó nuestro lugar como sustituto por lo que justamente merecíamos.

 “Quien llevó en Él mismo nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24). Nuevamente aquí vemos que Cristo tomó sobre Sí mismo los pecados que cometimos, para pagar el precio por nosotros. Pocos versículos más adelante leemos, “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el Justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu...” (1 Pedro 3:18). No sólo estos versículos nos enseñan acerca de la “sustitución” que Cristo fue por nosotros, sino también que Él fue la “expiación”, dando a entender que Él proveyó el pago por los pecados del hombre.

 La “expiación sustitutiva” se refiere al hecho de que Jesucristo murió en representación de todos los pecadores. Las Escrituras enseñan que todos los hombres somos pecadores (leer Romanos 3:9-18 y Romanos 3:23). La pena por nuestros pecados es la muerte. Romanos 6:23 dice, “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

 En las Escrituras la muerte se refiere a una “separación”, si hermanos la muerte es “separación de Dios. Todos moriremos, iremos al Hades que es el reino de los muertos a descansar buenos y malos, hasta el dia del juicio final que seamos levantados y paguemos por nuestras obras que hicimos en vida, buena o mala(Rom. 2:6-10) y (2 Cor. 5:10). Sin embargo, la segunda cosa que nos enseña este versículo, es que la vida eterna está disponible a través de Jesucristo. Esto es, la expiación sustitutiva.

 Un pasaje más que habla acerca de la “expiación sustitutiva” es Isaías 53:5. Este versículo habla en una forma muy detallada acerca de la venida de Cristo quien moriría en una cruz por nuestros pecados, y sabemos que la crucifixión sucedió tal y cómo fue predicha. Fíjate en las palabras mientras lees. “Mas Él herido fue por NUESTRAS rebeliones, molido por NUESTROS pecados; el castigo de NUESTRA paz fue sobre Él, y por SU llaga fuimos NOSOTROS curados”. Nota la sustitución. ¡Nuevamente aquí vemos a Cristo pagando el precio por nosotros!

 Nosotros no podríamos haber pagado el precio por nuestros propios pecados. O si lo hubiéramos hecho, simplemente habríamos sido castigados y echados en el infierno por una eternidad. Pero Cristo tomó la iniciativa de venir al mundo en la forma del Hijo de Dios, Jesucristo, para pagar el precio por nuestros pecados. Y porque Él hizo esto por nosotros, podemos ahora tener la oportunidad no sólo de tener el perdón de nuestros pecados, sino también de pasar una eternidad con Él. Para que esto sea una realidad, debemos poner nuestra fe en lo que Cristo hizo en la cruz. No podemos salvarnos a nosotros mismos; necesitamos un sustituto en nuestro lugar. La muerte de Cristo es la expiación sustitutiva.

sábado, 20 de febrero de 2021

Dios quiere formar el carácter de Cristo en nosotros (2 Pedro 1:1-5)

 

Dios quiere formar el carácter de Cristo en nosotros (2 Pedro 1:1-5)



Introducción

Leyendo estos capítulos de Mateo no nos queda ninguna duda de que Dios tiene grandes expectativas en cuanto a nosotros: "Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (Mt 5:48). Sólo de esta manera nuestro servicio para el Señor será aceptable y eficaz.

Sólo así tendremos "una amplia y generosa entrada en el Reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo" (2 P 1:11).

Con todo esto en nuestras mentes, regresamos nuevamente a la segunda epístola de Pedro, y veremos que allí nos encontramos con la misma cuestión. Lo que él nos va a decir es que si un día vamos a compartir con el Señor la administración de su glorioso Reino, tendremos que aprender a hacerlo ahora en este mundo por medio del desarrollo de un carácter maduro, espiritual y auténticamente cristiano; el mismo carácter de Cristo.

¿Por qué tengo yo que ser como Cristo?

La respuesta la encontramos en (2 P 1:4): "Nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina".

Puede que alguien piense que esto ya se cumplió en nosotros el día en que nos convertimos y nacimos de nuevo. Como el mismo apóstol Pedro diría en (1 P 1:23): "Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre".

¿Qué posibilidades tengo yo de llegar a ser como Cristo?

Cuando nos enfrentamos con la altísima vocación a la que Dios nos ha llamado, y reflexionando en todo lo que implica, es fácil llegar a pensar que eso no es para nosotros: "Tal vez sí lo sea para alguien como el apóstol Pedro o para los otros apóstoles, pero no para mí.

¿Con qué recursos puedo contar para alcanzar este propósito?

La respuesta la encontramos en (2 P 1:3-4). Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad "nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina".

Cuando nacemos de nuevo llegamos a tener en nosotros la misma vida y naturaleza de Dios, una vida llena de vigor y posibilidades. Por lo tanto, potencialmente tenemos todo lo que necesitamos para que se vaya desarrollando y formando en nosotros su mismo carácter, y de ese modo lleguemos a ser hijos maduros y competentes para enfrentarnos con la alta vocación a la que hemos sido llamados (2 P 1:10).

 (Stg 2:5) La promesa de ser herederos del Reino.

(Ro 4:13,16) La promesa de ser herederos del mundo

(He 12:26-29) La promesa de un Reino inconmovible.

Todas estas promesas, y muchas más que encontramos en las Escrituras, nos han sido dadas para estimular nuestro espíritu y animarnos para hacer firme nuestra vocación y elección.

Por supuesto, Dios es fiel en cuanto a sus promesas, y podemos estar seguros de que él cumplirá su parte en todo lo que ha dicho, de otro modo, su propio carácter quedaría en entredicho, lo cual no es posible. Recordemos algunos textos que afirman esta verdad:

(Fil 1:6) "El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo."

(Fil 2:13) "Dios es el que en vosotros produce el querer como el hacer, por su buena voluntad."

(Jn 14:13) "Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré."

Ya tenemos a Dios y a nuestro Señor Jesucristo, lo que es absolutamente primordial, pero ahora es necesario también que nosotros tengamos una intimidad real y creciente con ellos, conociéndoles cada día mejor. Y esto no se puede quedar en la teoría; es necesario que llegue a ser una realidad viva en nuestras experiencias. (2 P 1:2) "Gracia y paz o sean multiplicadas en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús"

(2 P 1:3) Todo nos ha sido dado "mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia".

(2 P 1:8) "No os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo"

(2 P 3:18) "Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo"

Pablo deseaba por encima de todas las cosas conocer al Señor (Fil 3:8-14). Esta era la razón por la que había sido salvado. Por lo tanto, deseaba "asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo" (Fil 3:12).

Tal como el mismo Señor Jesucristo explicó, el propósito de la vida eterna es, en primer lugar, llevarnos a la presencia de Dios para que le conozcamos: "Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien has enviado" (Jn 17:3).

¿Cómo puedo yo crecer en el conocimiento de Dios?

Si mi crecimiento depende de que yo conozca cada vez más de Dios, ¿cómo puedo llegar a avanzar en esto?

La respuesta es que esto se produce por medio de una intimidad creciente con su Palabra. Este es un tema del que el apóstol Pedro trató en su primera epístola (1 P 1:23) (1 P 2:2) y del que vuelve a tratar nuevamente aquí (2 P 1:19-21).

domingo, 31 de enero de 2021

El poder de la Gratitud:

 



El poder de la Gratitud:

Un corazón agradecido refleja humildad divina:

La ocasión de su gratitud, así como lo que usted agradece, indica madurez espiritual. La Biblia nos dice que seamos agradecidos por todas las personas y todas las cosas. ¿Ha pensado alguna vez qué incluye una lista de todas las cosas? Gobiernos corruptos, empleados injustos, cónyuges resentidos, enfermedades graves, colapso económicos -todas las cosas (1 Tesalonicenses 5:18; Filipenses 4:6).

 Solo un tipo de persona puede expresar gratitud por esas cosas, un creyente humilde. Los creyentes saben que no merecen nada más que el juicio de Dios.

 Por eso, como la iglesia primitiva, ellos pueden cantar himnos mientras que sufren el cautiverio (Hechos 16:25) o regocijarse cuando son perseguidos a causa del nombre de Cristo (Hechos 5:41). Los cristianos humildes ven cada cosa amarga como dulce y siempre se regocijan (Filipenses 1:18).

 Dar gracias a Dios puede ser algo poderoso. Si usted puede cultivar un corazón agradecido, resolverá muchos de sus problemas. Dar gracias a Dios y alabarlo le ayuda a evitar enfocarse en sus problemas. Eso fue muy cierto en el caso de los escritores de los salmos. Cada vez que surgía un problema, ellos clamaban al Señor en su desesperación. Uno de ellos preguntaba: “¿Por qué prosperan los malos?”

El rey David tuvo esa actitud cuando huía de su hijo Absalón, quien quería arrebatarle el trono. Pero al fin empezó a pensar en todas las cosas buenas que Dios había hecho por él. Cuando cultivó esa actitud de gratitud, aun cuando se encontraba huyendo de Absalón, cesó de sentirse desesperado.

Tenemos muchas cosas por las que – dar gracias a Dios es Importante

Salmo 30:4: “Cantad a Jehová, vosotros sus santos, y celebrad la
memoria de su santidad”.

 

Salmo 106:1: “Aleluya. Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque para
siempre es su misericordia”.

 Daniel 2:23: Daniel dio gracias a Dios por la sabiduría y la fuerza que le

había dado.

 Romanos 1:8: Pablo daba gracias a Dios por los creyentes que

expresaban su fe.

 Romanos 6:17: Daba gracias por la conversión de las personas.

 Romanos 7:23-25: Daba gracias a Dios porque le había liberado del poder

del pecado que moraba en él.

 1 Corintios 1:4: Estaba agradecido por la gracia de Dios que nos ha sidodada en Cristo Jesús.

1 Corintios 15:57: Daba gracias a Dios porque nos ha dado victoria sobre
la muerte.

 2 Corintios 2:14: Debiéramos estar agradecidos por el triunfo del

evangelio.

 2 Corintios 8:16: Daba gracias por el don de Cristo.

 

2 Corintios 9:15: Debemos dar gracias por el don de Cristo.

 1 Tesalonicenses 2:13: Daba gracias por los que reciben y aplican la

Palabra de Dios.

 2 Tesalonicenses 1:3: Debiéramos dar gracias cuando vemos a los

creyentes trabajar diligentemente por amor del reino de Dios y
mostrando su amor unos por otros.

 Apocalipsis 11:17: Debiéramos dar gracias por el poder de Cristo y por su

reino que viene.

 Dios quiere que seamos agradecidos en todo porque la gratitud es la máxima expresión de un corazón regenerado. La ingratitud puede infectar y destruir una iglesia, un matrimonio, una familia y un hogar. Cultive, por lo tanto, un corazón agradecido. De gracias por todo y en todas las circunstancias. Esa es la voluntad de Dios. ¿Usted la cumple?

Primera de Tesalonicenses 5:18 dice: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de dios para con vosotros en Cristo Jesús”.

 A traves de este articulo aprovechamos para presentarle gracias a Dios, en todo tiempo y hora, Dios es bueno siempre, para los que no lo saben el sabado pasado 24 a las 12;30am me dio un derrame cerebral mientras hablaba com mi esposa, estando en mi trabajo a penas me dio tiempo pedirle una ambulancia que enviara, desperté en el Hospital IMA-San Pablo de Caguas en la unidad de STROKE, estuve alla hasta este viernes 29 que me dieron de alta, llegando a casa a las 07:00pm. Dios estuvo en control todo el tiempo, aunque la mayoría que le da esto de derrames por subida de presión o trombosis quedan con alguna afección, osea paralisis facial, boca torcida, brazo o pierna adormecida, o perdida del habla o la visión de un ojo, para asombro del neurólogo y el cardiólogo, no experimentamos nada de eso, grande es nuestro Dios y Padre y su hijo Cristo Jesús, que puso como Rey y Señor nuestro.