sábado, 3 de junio de 2023

¿Cómo experimentar una libertad real en Cristo?"

 

¿Cómo experimentar una libertad

real en Cristo?"



Aunque parezca una contradicción, la única verdadera libertad en Cristo viene a aquellos que son sus esclavos. La esclavitud ha llegado a significar degradación, miseria y desigualdad. Pero el paradigma bíblico es la verdadera libertad del esclavo de Cristo que experimenta el gozo y la paz, los derivados de la única y verdadera libertad que alguna vez podamos llegar a conocer en esta vida. Hay 124 casos en el nuevo testamento de la palabra doulos, que significa "alguien que pertenece a otro" o "esclavo con ningún derecho de propiedad". Desafortunadamente, la mayoría de las versiones modernas de la biblia, así como la Reina Valera, generalmente traducen la palabra doulos como "siervo" o "esclavo". Pero un siervo es uno que trabaja por un salario, y que, en virtud de su trabajo, su amo le debe algo. El cristiano, por el contrario, no tiene nada que ofrecerle al señor en pago por su perdón, y le pertenece totalmente al amo que lo compró con su sangre derramada en la cruz. Los cristianos son comprados por esa sangre y son posesión de su señor y salvador. No somos contratados por él; le pertenecemos a él (Romanos 8:9). Así que "esclavo" es realmente la única traducción correcta de la palabra doulos.

Cada uno busca la libertad. Especialmente en el occidente, la libertad es la mayor virtud, y es muy buscada por todos aquellos que son o se consideran oprimidos. Pero la libertad en Cristo no es lo mismo que la libertad política o económica. De hecho, algunas de las personas que han sido oprimidas más duramente en la historia, han tenido completa libertad en Cristo. La biblia nos dice que, espiritualmente hablando, nadie está libre. En Romanos 6, Pablo explica que todos somos esclavos. O somos esclavos del pecado o esclavos de la justicia. Aquellos que son esclavos del pecado no se pueden liberar a sí mismos de él, pero una vez que somos libres del castigo del poder del pecado a través de la cruz, nos convertimos en una clase diferente de esclavos, y es en esa esclavitud que podemos encontrar la paz y la verdadera libertad.

Lejos de ser oprimidos, el esclavo de Cristo es verdaderamente libre. Hemos sido liberados del pecado por el hijo de Dios quien dijo, "Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres" (Juan 8:36). Ahora, el cristiano puede decir con verdad, junto con Pablo, "Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte" (Romanos 8:2). Ahora sabemos la verdad y esa verdad nos hace libres (Juan 8:32). Paradójicamente, a través de nuestra servidumbre a Cristo, también nos hemos convertido en hijos y herederos del Dios altísimo (Gálatas 4:1-7). Como herederos, somos partícipes de esa herencia, la cual es la vida eterna que Dios concede a todos sus hijos. Este es un privilegio más allá de cualquier tesoro terrenal que alguna vez podamos heredar, mientras que aquellos en la esclavitud del pecado heredan sólo la muerte espiritual y una eternidad en el infierno.

Muchas veces no comprendemos de que hemos sido crucificados con Cristo (Gálatas 2:20) y que hemos nacido de nuevo completamente como nuevas criaturas (2 Corintios 5:17). La vida cristiana es una de morir a sí mismo y de levantarnos a "caminar en la novedad de vida" (Romanos 6:4), y esa vida nueva se caracteriza por tener pensamientos sobre aquel que nos salvó, no por tener los pensamientos acerca de la carne muerta que ha sido crucificada con Cristo. Cuando continuamente estamos pensando en nosotros mismos y complaciendo la carne en los pecados de los cuales hemos sido liberados, estamos básicamente cargando un cadáver, lleno de podredumbre y muerte. La única manera de enterrarlo completamente es por el poder del Espíritu, que es la única fuente de fortaleza. Fortalecemos la nueva naturaleza cuando la alimentamos continuamente con la palabra de Dios, y por medio de la oración obtenemos el poder que necesitamos para escapar del deseo de volver a la vieja vida de pecado.

Entonces, ¿por qué tantos cristianos viven como si estuvieran aún en la esclavitud? Por una sencilla razón; a menudo nos rebelamos contra nuestro amo, negándonos a obedecerle y aferrándonos a nuestras vidas pasadas. Nos sujetamos a los pecados que una vez nos ataron a Satanás como nuestro amo. Ya que nuestra nueva naturaleza aún vive en la vieja naturaleza carnal, todavía somos atraídos al pecado. Pablo le dice a los de Éfeso que "se despojen" del viejo hombre viciado conforme a los deseos engañosos y que "se vistan" del nuevo hombre creado según Dios en la justicia. Despojarse de la mentira, y vestirse de la verdad. Dejar a un lado el robar, y convertirse en alguien útil y que trabaja. Despojarse de la amargura, la rabia y la ira, y vestirse de bondad, compasión y perdón (Efesios 4:22-32). Hemos sido liberados de la esclavitud del pecado, pero a menudo nos volvemos a poner las cadenas porque hay una parte de nosotros que ama la vida antigua.

Debemos escuchar el corazón de Dios, para que por medio del estudio de su Palabra, aprenderla para obrar de acuerdo a lo que quiere Dios que hagamos y para dejar de ser presa de aquellos falsos maestros que tergiversan la palabra de Dios y que muchos hermanos por falta de conocimiento bíblico son capturados y los hacen caer en creencias de doctrinas falsas, con razón Jesús dijo que : “ en él y su palabra seremos libres “. Sé que para nuestras iglesias se llenen de este tipo de personas, necesitaremos a la vez en nuestros púlpitos Lideres que se hallan forjado con esta disciplina.

Recordemos hermanos que perseverar en el estudio de la palabra santa, nos acerca más a Dios, nos hace libres, engrandecemos nuestra fe y nos ayuda a hacer la voluntad de Dios.

Franci Suarez


domingo, 21 de mayo de 2023

¿ Dios escucha a los Pecadores ?

 


¿ Dios escucha a los Pecadores ?


Al examinar los siguientes pasajes, vemos que la oración está involucrada en la mayoría de estos casos.  Dios responde al clamor del corazón, Pero en todos los casos, la oración parece estar combinada con arrepentimiento. Pero en otros casos, la oración era simplemente para una bendición o necesidad terrenal, y Dios respondió a ambas por misericordia.

 Juan 9:31 declara, “Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad a éste oye”. También se ha dicho que la única oración que Dios escucha de un pecador es la oración para salvación. Como resultado de esta Escritura, algunos creen que Dios no escucha o que nunca responderá las oraciones de un incrédulo. Sin embargo, en el contexto, la Escritura dice que Dios no realiza milagros a través de un incrédulo. 1 Juan 5:14-15 nos dice que Dios responde las oraciones en base a si las peticiones están de acuerdo con Su voluntad.

El pueblo de Nínive oró para que Nínive se salvara (Jonás 3:5-10). Dios respondió a esta oración y no destruyó la ciudad de Nínive como lo había advertido. Veamos algunos ejemplos que son excepción a la regla general, pero tienen unos requerimientos que son 1) Arrepentimiento, 2) Fe, 3)Temor a Dios y 4) Deseos de Cambiar.

Agar le pidió a Dios que protegiera a su hijo Ismael (Génesis 21:14-19). Dios no sólo protegió a Ismael, sino que Dios lo bendijo en gran manera.

En 1 Reyes 21:17-29, especialmente en los versículos 27-29, Acab ayuna y lamenta por la profecía de Elías sobre su descendencia. La forma como Dios responde es no causando la calamidad en el tiempo de Acab.

La mujer de la región de Tiro y Sidón oró para que Jesús liberara a su hija de un demonio. (Marcos 7:24-30). Jesús echó fuera al demonio de la hija de la mujer.

Cornelio, el centurión romano en Hechos 10, hizo que el apóstol Pedro fuera a él como consecuencia de que Cornelio era un hombre justo. Hechos 10:2 nos dice que Cornelio "oraba a Dios regularmente" .Pero noten que esto estaba acompañado de Fe, arrepentimiento, deseos de cambiar, temor a Dios y obediencia a su palabra con acciones (Buenas Obras).

Sabemos que Dios hace promesas que son aplicables solo a los cristianos , algunos confunden Jeremías 29:13: “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”. Como indicativo de que Dios también hace promesas con los no salvos, pero si analizan bien esto se refiere al pueblo de Israel que siempre estuvo con Dios y El prometía que si de corazón volvían a Él, los recibiría.  Sin embargo, hay muchas promesas que de acuerdo con el contexto de los pasajes, son sólo para cristianos. Los cristianos, habiendo recibido a Cristo como el Salvador, somos animados a acercarnos confiadamente al trono de gracia para alcanzar misericordia en tiempos de necesidad (Hebreos 4:14-16). Se nos dice que cuando pidamos cualquier cosa de acuerdo a la voluntad de Dios, Él nos escucha y nos concederá lo que pedimos (1 Juan 5:14-15). Hay muchas otras promesas para los cristianos concernientes a la oración (Mateo 21:22; Juan 14:13; Juan 15:7). Por lo tanto, sí, en términos generales Dios no responde las oraciones de un no creyente; Pero al mismo tiempo, en Su gracia y misericordia, Dios puede intervenir en las vidas de los inconversos en respuesta a sus oraciones, esta excepción ocurre cuando hay arrepentimiento, temor a Dios y deseos de cambiar. Recuerden Dios hace lo que el quiere (Job: 23:13-14).

Francis Suarez


domingo, 7 de mayo de 2023

¿ La Segunda Venida de Jesucristo, Qué es?

 


¿ La Segunda Venida de Jesucristo, Qué es?



En Su primera venida, Jesús fue el siervo sufriente. En Su segunda venida, Jesús será el Rey conquistador. En su primera venida, Jesús llegó bajo las más humildes circunstancias. En Su Segunda Venida, Jesús vendrá con los ejércitos celestiales a Su lado

La segunda venida de Jesucristo es la esperanza de los creyentes de que Dios está en control de todas las cosas, y que es fiel a las promesas y profecías de Su Palabra. En Su primera venida, Jesucristo vino a la tierra como un bebé nacido en un pesebre de Belén, tal como fue profetizado. Jesús cumplió muchas de las profecías del Mesías durante Su nacimiento, vida, ministerio, muerte, y resurrección. Sin embargo, hay algunas profecías respecto al Mesías, que Jesús aún no ha cumplido. La segunda venida de Jesucristo será el retorno de Cristo para cumplir las profecías restantes.

Los profetas del Antiguo Testamento no hicieron esta distinción clara entre los dos advenimientos. Esto puede verse en Escrituras tales como Isaías 7:14; 9:6-7; y Zacarías 14:4. Como resultado de las profecías que parecen hablar de dos individuos, muchos estudiosos judíos creyeron que habría ambas, un Mesías sufriente y un Mesías conquistador. Fallaron en entender que el mismo Mesías cumpliría los dos papeles. Jesús cumplió el papel del siervo sufriente (Isaías capítulo 53) en Su primera venida. Jesús cumplirá el papel del Rey y libertador de Israel en Su segunda venida. Zacarías 12:10 y Apocalipsis 1:7 describen la segunda venida, mirando hacia atrás a Jesús siendo traspasado. Israel, y el mundo entero, lamentarán por no haber aceptado al Mesías la primera vez que Él vino.

La Biblia es bien clara al mencionar estos acontecimientos, y lo podemos ver en el Libro de los (Hechos 1:11), donde después de que Jesús ascendió al cielo, los ángeles declararon a los apóstoles, “Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”  lo ven ahí. Zacarías 14:4 identifica el Monte de los Olivos como el lugar de la segunda venida. Mateo 24:30 declara, “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”. Tito 2:13 describe la segunda venida como una “manifestación gloriosa”.

La segunda venida es relatada con grandes detalles en Apocalipsis 19:11-16, “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en Su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino Él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y Su nombre es; EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De Su boca sale una espada aguda para herir con ella a las naciones, y Él las regirá con vara de hierro; y Él pisa el lagar del vino del furor de la ira del Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en Su muslo tiene escrito este nombre; REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES”.


Francis Suarez

Agradecimientos a Gotquestion.Ong y

Estudios Bíblicos por su aporte.


domingo, 30 de abril de 2023

¿Cuál es el sentido de la vida?

 

¿Cuál es el sentido de la vida?


En nuestra cultura humanista, la gente pierde fácilmente de vista el sentido de la vida. Persiguen muchas cosas, pensando que en ellas encontrarán sentido y propósito. Algunas de estas búsquedas incluyen el éxito en los negocios, la riqueza, las buenas relaciones, el sexo, el entretenimiento y hacer el bien a los demás. Algunas personas han testificado que, aunque lograron sus objetivos de riqueza, relaciones y placer, seguía existiendo un profundo vacío en su interior, una sensación de vacío que nada parecía llenar.

¿Cómo se puede encontrar el propósito, la plenitud y la satisfacción en la vida? ¿Cómo se puede lograr algo importante y duradero? Muchas personas nunca se han detenido a considerar estas preguntas tan importantes. Miran atrás años después y se preguntan por qué sus relaciones se han venido abajo y por qué se sienten tan vacías, aunque hayan conseguido lo que se proponían. Como dice el libro del Eclesiastés, muchos objetivos solo demuestran que están vacíos después de haber perdido años intentando alcanzarlos (Eclesiastés 1-2).

El autor del libro del Eclesiastés buscaba el sentido de la vida en muchas cosas vanas. Describe la sensación de vacío que sentía: "Vanidad de vanidades...vanidad de vanidades, todo es vanidad" (Eclesiastés 1:2). El rey Salomón, el escritor del Eclesiastés, tenía grandes riquezas, una sabiduría superior a la de cualquier hombre de su época o de la nuestra, cientos de mujeres, palacios y jardines que eran la envidia de los reinos, la mejor comida y el mejor vino, y todo tipo de entretenimiento disponible. Llegó a decir que todo lo que su corazón deseaba, lo perseguía (Eclesiastés 2:10). Sin embargo, resumió la vida "bajo el sol" -la vida vivida como si todo lo que hay en la vida es lo que podemos ver con nuestros ojos y experimentar con nuestros sentidos- como algo sin sentido. ¿Qué explica este vacío? Dios nos creó para algo más allá de lo que podemos experimentar aquí y ahora. Salomón dijo de Dios: "ha puesto eternidad en el corazón de ellos" (Eclesiastés 3:11). En nuestros corazones somos conscientes de que el "aquí y ahora" no es todo lo que hay.

En el libro del Génesis encontramos una clave sobre el sentido de la vida: Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza (Génesis 1:26). Fuimos hechos especialmente por Dios, y eso nos da un valor inherente; nada puede darnos más valor. Hechos para reflejar Su imagen, tenemos un propósito: glorificar a Dios; nada puede darnos mayor satisfacción.

Antes de que la humanidad cayera y la maldición del pecado viniera sobre la tierra, lo siguiente era cierto:

1) Dios hizo del hombre una criatura social (Génesis 2:18-25)

2) Dios le dio trabajo al hombre (Génesis 2:15)

3) Dios tuvo comunión con el hombre (Génesis 3:8)

4) Dios le dio al hombre dominio sobre la tierra (Génesis 1:26).

Estos hechos tienen un significado relacionado con el sentido de la vida. La intención de Dios era que la humanidad tuviera plenitud en la vida, pero nuestra condición (especialmente en lo que respecta a nuestra comunión con Dios) se vio afectada negativamente por la caída en el pecado y la maldición derivada sobre la tierra (Génesis 3).

El libro del Apocalipsis muestra que Dios está interesado en devolvernos el sentido de la vida. Dios destruirá la creación actual y creará un cielo nuevo y una tierra nueva. En ese momento, restaurará la plena comunión con la humanidad ya redimida, mientras que los no redimidos habrán sido juzgados y arrojados al lago de fuego (Apocalipsis 20:11-15). Se habrá eliminado la maldición del pecado; no habrá más pecado, tristeza, enfermedad, muerte ni dolor (Apocalipsis 21:4). Dios morará con la humanidad, y serán Sus hijos (Apocalipsis 21:7). Así, cerramos el círculo: Dios nos creó para tener comunión con Él; el hombre pecó, rompiendo esa comunión; Dios restaura esa comunión en el estado eterno. Pasar por la vida logrando todo lo que nos proponemos sólo para morir separados de Dios por la eternidad sería una tragedia impensable. Pero Dios ha hecho posible la dicha eterna (Lucas 23:43) y que la vida en la tierra tenga satisfacción y sentido. ¿Cómo se consigue esta dicha eterna y el "cielo en la tierra"?

El sentido de la vida restaurada mediante Jesucristo

El verdadero sentido de la vida, tanto ahora como en la eternidad, se encuentra en la restauración de nuestra relación con Dios. Esta restauración es posible únicamente a través del Hijo de Dios, Jesucristo, quien nos reconcilia con Dios (Romanos 5:10; Hechos 4:12; Juan 1:12; 14:6). La salvación y la vida eterna son el don de Dios cuando confiamos en Jesucristo como Salvador. Una vez que recibimos la salvación por gracia a través de la fe, Cristo nos convierte en nuevas criaturas, y comenzamos el camino para acercarnos a Él y aprender a confiar en Él.

Dios quiere que conozcamos el sentido de la vida. Jesús dijo: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia" (Juan 10:10). Una vida "plena" es aquella que tiene sentido y que carece de caminos sin rumbo.

El sentido de la vida está contenido en la gloria de Dios. Cuando Dios llama a Sus elegidos, dice: "todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice" (Isaías 43:7). La razón por la que fuimos creados es para la gloria de Dios. Cada vez que sustituimos la gloria de Dios por la nuestra, nos convertimos en idólatras y perdemos el sentido de la vida. Jesús dijo: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará" (Mateo 16:24-25). Y tenemos esta promesa: "Deléitate asimismo en el Señor, y él te concederá las peticiones de tu corazón" (Salmos 37:4).


domingo, 23 de abril de 2023

LOS DIEZMOS ¿Sabía usted que fueron abolidos en la cruz de Cristo?

 

LOS DIEZMOS

¿Sabía usted que fueron abolidos en la cruz de Cristo?



-Diezmos. Solo para los levíticos y demás pueblo israelita. De granos, frutos y animales. Guardados en alfolíes (almacenes).

 -Ofrendas “cada primer día de la semana, según haya prosperado”. Voluntarias. Para las obras evangelistas y benévolas de la iglesia.

 

No se deje engañar por Falsos Ministros y Pastores, que lo que les interesa es su dinero en sus congregaciones. No se lleve de lo que hablen o digan, escudriñe y lea la Biblia.

¿Sabía usted que...?

1. Los israelitas diezmaban “cada año”, y no cada mes o cada semana. “Indefectiblemente diezmarás... cada año” (Deuteronomio 14:22). ¡Una sola vez al año!

2. Israel diezmaba “de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara”, “de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles” (Levítico 27:30, 32), “de tu vino o de tu aceite”, “de todo el producto del grano que rindiera tu campo cada año” (Deut. 14:22-23).

3. Los israelitas comían sus diezmos dos años de cada tres, entregando “cada tres

años todo el diezmo” a los levitas, huérfanos y viudas. “Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades. Y vendrá el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda, y comerán” (Deut. 14:28-29).

4. ¿Dónde debía el israelita comer sus diezmos? No, por cierto, en cualquier lugar sino “delante de Jehová en el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido” (Deut. 12:17-18).

“Y si el camino fuere tan largo que no puedas llevarlo, lo venderás y guardarás el dinero, y vendrás al lugar; y darás el dinero por todo lo que deseas y comerás” (Deut. 14:24-26).

5. Los diezmos de cada tres años fueron guardados, para los levitas (la tribu sacerdotal), viudas, huérfanos y extranjeros, en “ las ciudades”. “Y todo Judá trajo el diezmo del grano, del vino y del aceite, a los almacenes” (Nehemías 12:44; 13:12). “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa” (Malaquías 3:10). El “alfolí” era un “granero o pósito”, un almacén, en el que se almacenaba “alimento”, y no dinero, para los sacerdotes levíticos que oficiaban en el tabernáculo (templo).

6. Los israelitas no diezmaban de dinero sino de lo que se podía comer.

7. Los levitas debían diezmar. “Presentaréis el diezmo de los diezmos” (Núm. 18:26-32).

8. El israelita podía “rescatar algo del diezmo”, añadiendo la quinta parte (Lev. 27:31).

9. Durante su ministerio terrenal, Jesucristo enseñó a diezmar (Mateo 23:23) porque él nació y vivió bajo la ley de Moisés. “Nacido de mujer y nacido bajo la ley” (Gálatas 4:4).

¿Sabía usted que...?

1. El sacerdocio levítico y los diezmos fueron clavados en la cruz. “Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley” (Hebreos 7:12). Todo cristiano fiel es sacerdote (1 Pedro 2:4-10; Apocalipsis 1:6), no siendo los pastores

(obispos, ancianos), o evangelistas, sacerdotes exclusivos de la iglesia.

2. Toda aquella antigua ley dada en el monte de Sinaí al pueblo de Israel, mil quinientos años antes de Cristo, fue anulada, quitada de medio y clavada en la cruz, incluyendo las leyes sobre “diezmar” (2 Cor. 3:6-17; Colosenses 2:14-17; Heb. 8:8-13).

3. Enseñar a diezmar es, pues, judaizar, y judaizar es pecar, según Gálatas . “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído. (Gal. 5:4-6)”

4. El Nuevo Testamento de Cristo no manda a diezmar, no habiendo en él ejemplo de cristiano o iglesia alguna que diezmara. “Aquí reciben diezmos hombres mortales” (Heb. 7:8) alude a los levitas no convertidos a Cristo que aún oficiaban en el templo judío.

5. La nueva ley del Nuevo Pacto es la ofrenda voluntaria dada “cada primer día de

la semana”, y no todos los días. “Cada uno ponga aparte algo, según haya prospe-

rado” (1 Cor. 16:1-3). “Cada uno dé como propuso en su corazón, porque Dios ama al dador alegre” que “siembra generosamente”, y no obligado (2 Corintios 8:1-12; 9:1-15).

6. Todo ministro fiel del Nuevo Pacto enseña esta nueva ley. No pide diezmos. No hace mercadería de los santos (2 Pedro 2:1-3; 1 Tim. 6). El que es digno de ayuda, recibe “salario”, diezmos no, de las ofrendas voluntarias (1 Cor. 9; 2 Cor. 11:8; Filipenses 4:10-20).


domingo, 16 de abril de 2023

Los frutos de la nueva vida (2 Reyes 5:15-19)

 

Los frutos de la nueva vida
(2 Reyes 5:15-19)



Leamos esta cita :(2 R 5:15-19) "Y volvió al varón de Dios, él y toda su compañía, y se puso delante de él, y dijo: He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego que recibas algún presente de tu siervo. Mas él dijo: Vive Jehová, en cuya presencia estoy, que no lo aceptaré. Y le instaba que aceptara alguna cosa, pero él no quiso. Entonces Naamán dijo: Te ruego, pues, ¿de esta tierra no se dará a tu siervo la carga de un par de mulas? Porque de aquí en adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni ofrecerá sacrificio a otros dioses, sino a Jehová. En esto perdone Jehová a tu siervo: que cuando mi señor el rey entrare en el templo de Rimón para adorar en él, y se apoyare sobre mi brazo, si yo también me inclinare en el templo de Rimón; cuando haga tal, Jehová perdone en esto a tu siervo. Y él le dijo: Ve en paz. Se fue, pues, y caminó como media legua de tierra."

Como recién nacido salió Naamán del Jordán. Y no sólo había dejado atrás sus prejuicios, sino también su soberbia y orgullo. Humillado, ricamente obsequiado y profundamente feliz, pisó la orilla del Jordán con una actitud completamente transformada y con nuevas metas para su vida. Y junto con su compañía volvió por segunda vez al varón de Dios. Tras su curación, su anhelo no fue volver a su patria Siria, sino volver al hombre de Dios que le había mostrado el camino para su salvación.

Agradecimiento, un fruto de la nueva vida

Al meditar sobre esta conmovedora escena nuestros pensamientos vuelan a una historia del Nuevo Testamento donde diez leprosos fueron sanados por nuestro Señor Jesucristo, después de obedecer a su mandato (Lc 17:11-19). Pero sólo uno de los diez volvió para dar las gracias a su Salvador y glorificar a Dios "a gran voz".

Más sorprendente todavía es el hecho de que Naamán, tras su curación, fuera directamente y con un corazón agradecido a la persona que le salvó, para glorificar al Dios de Israel, siendo él un sirio que no pertenecía al pueblo de Dios.

Para él su nueva fe no era un asunto privado, sino que lo impulsó a testificar abiertamente y sin recelos en presencia de su compañía: "He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel" (versículo 15).

No le interesaban las caras asombradas y las posibles reacciones de sus soldados y siervos paganos, sino que su corazón le impulsó al agradecimiento a la vista de todo el mundo. Con toda naturalidad practicó lo que siglos más tarde escribiera el apóstol Pablo en (Ro 10:10): "Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación". Y por eso hoy por hoy nos dejó nuestro Señor Jesús Cristo un regalo para mantenernos en comunión con él y mostrar nuestro agradecimiento y fidelidad de conducta que es la Cena del Señor.

Recordemos hermanos que Dios nos creó para buenas obras, y sobre todo como dice la escritura “ Así que entonces, hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe. (Gálatas 6:10).

Amen,

 


domingo, 9 de abril de 2023

Creyentes en el mundo (Juan 17:14-17)

 

Creyentes en el mundo (Juan 17:14-17)



Vamos a tratar de definir la relación que tuvieron los discípulos con Cristo Jesús y el Padre, una relación que les traería plenitud de gozo, ahora pasa a hablar de su relación con el mundo, donde sufrirían su odio. Por lo tanto, por una parte eran objetos del amor del Padre, y por otra eran objetos del odio del mundo, exactamente igual que Cristo.

¿Por qué causa el mundo aborrece a los creyentes? "El mundo los aborreció, porque no son del mundo" (Jn 17:14) "Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo."

En primer lugar debemos notar que éste era un tema que el Señor ya había tratado con sus discípulos en esa misma noche (Jn 15:18-21), pero ahora lo trae ante el Padre en oración.

No hay duda de que el mundo puede ser un lugar tremendamente hostil; está lleno de odios amargos engendrados por el nacionalismo, el racismo, la lucha entre las clases sociales, las guerras de religión, la avaricia, el orgullo... Sin embargo, la hostilidad a la que el Señor se refiere aquí surge por una razón diferente. Se produce como reacción a la predicación de la Palabra de Dios. Como ya hemos visto en varias ocasiones a lo largo de este evangelio, esta Palabra siempre provoca división entre los oyentes (Jn 7:43) (Jn 9:16) (Jn 10:19). Pero, ¿por qué ocurre tal cosa?

El problema es que la Palabra de Dios pone al descubierto el pecado del mundo, lo llama al arrepentimiento, a deponer sus armas contra Dios y rendirse a él. Esto no le gusta al mundo, por eso, aquellos que responden positivamente a este llamamiento, pasan a ser considerados como traidores, y el mundo los aborrece por eso.

Pero lo curioso es que no es sólo la denuncia del pecado del mundo lo que provoca esta hostilidad; con mucha frecuencia también su mensaje de misericordia, perdón y salvación, tienen el mismo efecto. Recordemos la hostilidad de los líderes religiosos del judaísmo contra el Señor cuando él anunciaba las buenas nuevas de salvación a los perdidos, menospreciándole, e incluso queriéndole matar por ello (Lc 5:17-21) (Jn 5:18-24).

Por lo tanto, si el mundo había sido hostil con Cristo cuando él proclamó la Palabra de Dios, también lo sería con sus discípulos cuando continuaran con esta misma labor.

¿Por qué dice que los creyentes no son de este mundo?

En un sentido ellos sí eran del mundo; habían nacido en el mundo y eran parte de él, pero como el Señor indica aquí, todo cambió desde el momento en que él les había dado la "palabra" del Padre y ellos la habían creído. Desde ese momento habían sido introducidos en un estado nuevo de cosas enteramente distinto del mundo. Su manera de actuar, de hablar, de pensar, de vestir, de hacer negocios... no es la de este mundo.

"No ruego que los quites del mundo"

(Jn 17:15) "No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal."

A pesar de la hostilidad del mundo contra los creyentes, el Señor quiere que se queden en él. ¿Qué sería del mundo si Dios sacara de él a los cristianos que predican la Palabra de Dios? Sin duda sería desastroso para el mundo. En palabras del Señor, los creyentes son la luz y la sal del mundo que se encuentra en tinieblas y en un continuo proceso de corrupción (Mt 5:13-14) (Fil 2:15). El mundo necesita a los creyentes para darles a conocer la gracia de Dios. Ellos son un buen ejemplo de ello.

Aunque es el propósito de Dios que los suyos queden en este mundo con la finalidad de dar testimonio de él, lamentablemente, en muchas ocasiones los creyentes se han aislado, pero esto no era por lo que oraba el Señor al Padre.

Dios, su poder y paciencia? ¿Cómo podrían ser debidamente preparados para el cielo sin haber sido previamente templados en las pruebas de esta vida?

Hubo tres ocasiones en las que diferentes hombres de Dios del pasado oraron pidiendo ser quitados del mundo. Estos fueron Moisés (Nm 11:15), Elías (1 R 19:4) y Jonás (Jon 4:3), pero como ya sabemos, el Señor no concedió la petición de ninguno de ellos.

La evasión nunca es la alternativa divina, sino el alcanzar la victoria en medio del mundo hostil. Somos llamados a vivir dentro del mundo. Ese es el lugar donde tenemos que llevar a cabo todas nuestras actividades: comprar, vender, estudiar, convivir...

"Que los guardes del mal"

Cuando el Señor ascendiera al cielo y ellos tuvieran que vivir y testificar de Cristo en medio de un mundo hostil, se encontrarían inmersos en constantes peligros que intentarían desviarlos de su fidelidad a Cristo, es por eso que el Señor vuelve a pedir al Padre que "los guarde del mal".

Algunos piensan que el "mal" del que debemos ser guardados se relaciona directamente con Satanás, "el maligno", pero seguramente deberíamos pensar en todos los males que nos pueden asaltar, incluyendo también el mundo y nuestra propia naturaleza caída.

En este contexto uno de los males por los que el Señor pedía que fueran guardados podría ser la mundanalidad, que destruye la diferencia entre la iglesia y el mundo. Esto consiste en asimilar su forma de pensar y actuar. Dentro de estos peligros hay varios que parecen estar golpeando con fuerza a las iglesias de nuestro tiempo.

Lo que se deduce de la oración del Señor es que si la iglesia debe llegar a tener algún impacto en el mundo, sólo lo conseguirá siendo diferente a él. Pensemos por un momento en Daniel y sus tres amigos. Ellos fueron llevados como prisioneros de guerra a Babilonia, donde llegaron a tener un impacto muy decisivo sobre Nabucodonosor y su corte. Ahora bien, ¿cómo lo consiguieron? Pues no fue por volverse como el mundo pagano al que fueron llevados, sino permaneciendo obedientes a la Palabra de Dios. Comenzaron por no aceptar sus normas alimenticias contrarias a las ordenanzas del Antiguo Testamento, también se negaron a arrodillarse ante el ídolo que Nabucodonosor había creado, a pesar de que por esa razón fueron echados a un horno de fuego. Luego, cuando por un decreto real se prohibió orar al Señor, Daniel continuó con su vida normal de oración, aunque por ello fue echado al foso de los leones. Podría decirse que si Daniel impacto en los gobernantes babilonios y luego en los persas, lo fue porque se opuso a la cultura de su tiempo en todo aquello que implicara desobedecer la Palabra de Dios.

Como alguien ha dicho, no es el barco en el agua, sino el agua en el barco lo que lo hunde. Así que, el peligro no es que un cristiano esté en el mundo, sino que el mundo esté en el cristiano. Además, mientras el cristiano viva de una manera mundana, su testimonio en el mundo será completamente ineficaz, porque si el mundo no puede ver una diferencia clara entre los que profesan ser cristianos y los del mundo, éstos no tendrán ningún deseo de cambiar.

tentaciones que podemos encontrar en este mundo. Necesitamos el poder de Dios para vencer toda tentación, y por esa razón, nosotros también debemos orar continuamente a Dios para que nos libre del mal (Mt 6:13).

"No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo"

(Jn 17:16) "No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo."

"Santifícalos en tu verdad"

(Jn 17:17) "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad."

La iglesia de Cristo debe ser santa. Cuando leemos las cartas que el Señor dirigió a las iglesias de Asia y que encontramos en Apocalipsis capítulos 2 y 3, vemos su interés por la santidad de su pueblo tanto en lo moral como en lo doctrinal.

La persona auténticamente santa es la que se aparta de aquellas cosas que la Palabra de Dios prohíbe para entregarse enteramente al Señor.

Por lo tanto, la santidad tiene dos vertientes claramente diferenciadas. Tal como el Señor oró, implicaba ser "guardados del mal", pero eso no bastaba, también debían ser consagrados en la verdad. Como diría el salmista: "Apártate del mal, y haz el bien, y vivirás para siempre" (Sal 37:27).

Ahora bien, en (Jn 15:3) el Señor les había dicho a los discípulos "vosotros ya estáis limpios por la palabra que yo os he hablado". Surge entonces la pregunta: Si ya estaban limpios, ¿por qué ruega al Padre que los santifique? La cuestión es que desde el mismo instante en que nacemos de nuevo somos santos ("apartados") para Dios. En este sentido, todos los que componen la iglesia son santos (Ro 1:7) (1 Co 1:2) (2 Co 1:1) (Ef 1:1) (Fil 1:1). Pero con frecuencia fallamos en cumplir con este llamamiento del Señor y necesitamos ser santificados o consagrados al Señor continuamente.

Ser santos es un mandato del Señor que tiene varios propósitos.

En ese contexto, el primero de ellos tenía que ver con la misión que los discípulos tendrían por delante en el mundo. Los incrédulos pueden negarse a ver la verdad de nuestros argumentos, pero no pueden evadir la evidencia de una vida santa y transformada por el Espíritu Santo. Claro está que nuestro cristianismo no merecerá la atención del mundo si no vivimos vidas santas.

Y en segundo lugar, vivir santamente prepara a los cristianos para el cielo. Cuanto más cerca vivamos de Dios mientras estamos en este mundo, más podremos gozar de la felicidad en nuestra eterna morada. Aunque sólo la sangre de Cristo puede justificarnos y darnos la entrada al cielo, la santificación nos da la capacidad de disfrutarlo.

Es cierto que es el Hijo quien le pide al Padre que nos santifique, porque es un hecho que los hombres no podemos santificarnos a nosotros mismos, aun así, debe haber en nosotros el deseo de que Dios lo haga y la disposición para dejarle hacer.

"En tu verdad, tu palabra es verdad"

¿Cómo podemos mantenernos limpios y puros en este mundo? ¿Qué recursos nos ha dejado Dios para nuestra santificación? El Señor lo indica con claridad: "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad". Siglos antes el salmista se había hecho la misma pregunta y había llegado a la misma conclusión:

(Sal 119:9) "¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra."

Y en otra ocasión:

(Sal 19:7-8) "La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos."

Esta respuesta sigue siendo válida para todo creyente en toda época y lugar. Por lo tanto, la clave está en el estudio aplicado de la Palabra de Dios y la obediencia a sus mandamientos. Necesitamos constantemente dejarnos lavar por la Palabra del Señor.\

 

Francis Suarez

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