domingo, 7 de enero de 2018

"¿Cuál es el reino de Dios?"

"¿Cuál es el reino de Dios?"


En el estudio de las Sagradas Escrituras con frecuencia  se hace referencia al reino de Dios en los evangelios (por ejemplo, Marcos 1:15; 10:15; 15:43; Lucas 17:20) y en otros lugares en el nuevo testamento (por ejemplo, Hechos 28:31; Romanos 14:17; 1 Corintios 15:50). El reino de Dios es sinónimo con el reino de los cielos. El concepto del reino de Dios adquiere diferentes matices en su significado en diferentes pasajes de las escrituras.

En términos generales, el reino de Dios es el reinado de un Dios eterno y soberano sobre todo el universo. Varios pasajes de las escrituras demuestran que Dios es el monarca indiscutible de toda la creación: "El Señor ha establecido su trono en el cielo, y su reino gobierna sobre todo" (Salmo 103:19). Y como el rey Nabucodonosor declaró, "El reino de Dios es un reino eterno" (Daniel 4:3). Toda autoridad existente ha sido establecida por Dios (Romanos 13:1).
Los mansos heredarán la tierra, dijo Jesús (Mateo 5:5), aunque también dijo: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Verso 3). ¿Nos habla Jesús en estos dos versículos de dos clases de cristianos y dos esperanzas distintas para sus seguidores? ¿Es que para los pobres en espíritu es el reino de los cielos, mientras que para los mansos es la herencia de la tierra? ¿Existen acaso dos esperanzas distintas para dos tipos diferentes de cristianos: una que es pobre en espíritu y que de un carácter manso? No lo creo, pues todos los cristianos deben ser mansos, sin excepción alguna.

Ahora bien, el propio Jesús afirmó ser MANSO y humilde de corazón en Mateo 11:29: “ Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy MANSO y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”. Nos preguntamos entonces: ¿heredará Jesús la tierra y no el reino de los cielos porque Él mismo se calificó de manso y no de pobre en espíritu? La respuesta es que Jesús (como sus seguidores) es el heredero del reino de Dios (o de los cielos) el cual se establecerá en la tierra renovada en su Parusía. Recuerden que el Señor dijo: “Venga tu reino…hágase tu voluntad en la tierra” (Mateo 6:10).

Más concretamente, el reino de Dios es un reinado espiritual en los corazones y en las vidas de aquellos que están dispuestos a someterse a la autoridad de Dios. Quienes desafían la autoridad de Dios y se niegan a someterse a él, no son parte del reino de Dios; en cambio, aquellos que reconocen el señorío de Cristo y se rinden alegremente al reinado de Dios en sus corazones, son parte del reino de Dios. En este sentido, el reino de Dios es espiritual; Jesús dijo que su reino no era de este mundo (Juan 18:36), y predicaba que era necesario el arrepentimiento para ser parte del reino de Dios (Mateo 4:17). En Juan 3:5-7 se evidencia que el reino de Dios puede ser equivalente a la salvación es evidente en Juan 3:5-7, donde Jesús dice que se debe nacer de nuevo para entrar en el reino de Dios. Ver también 1 Corintios 6:9.

Hay otro sentido en el que se usa el reino de Dios en las escrituras: el reinado literal de Cristo en la tierra durante el milenio. Daniel dijo que "el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido" (Daniel 2:44;
Daniel 7:13-14), y muchos otros profetas predijeron lo mismo (por ejemplo, Abdías 1:21; Habacuc 2:14; Miqueas 4:1-3; Zacarías 14:6-9) y a Isaias 65: 17-25 y 66: 22-23
Todas estas citas hablan del reinado físico de Cristo por mil años desde Jerusalen. Algunos teólogos se refieren al futuro, a la manifestación abierta del reino de Dios como "el reino de gloria", y en el presente, la manifestación oculta del reino de Dios como el "reino de la gracia". Pero ambas manifestaciones están conectadas; Cristo ha establecido su reinado espiritual en la iglesia en la tierra en el corazón de cada uno de sus creyentes o santos,, y un día él establecerá su reinado físico en Jerusalén, donde establecera un Reinado físico o literal por mil años (El Milenio)

El reino de Dios tiene varios aspectos. El señor es el soberano del universo, y por tanto en ese sentido su reino es universal (1 Timoteo 6:15). Al mismo tiempo, el reino de Dios implica arrepentimiento y el nuevo nacimiento, en la medida que Dios reina en los corazones de sus hijos en este mundo como una preparación para el próximo. La tarea iniciada en la tierra encontrará su consumación en el cielo, después del reinado de mil años (El Milenio) (ver Filipenses 1:6).

Agradecimientos a Got'Question.org
Amen

Francis Suarez

Como interpretar la Biblia a nuestros dias

Cómo podemos saber qué partes de la Biblia se aplican para nosotros en la actualidad?"

Muchos de los malos entendidos ocurren cuando catalogamos mandatos que debíamos estar siguiendo, como “específicos de una época,” aplicable únicamente para la audiencia original; o adoptamos mandatos específicos para una audiencia dete¿rminada como verdades eternas. ¿Cómo discernimos la diferencia? Lo primero que debemos considerar es que el canon de la Escritura fue cerrado al final del primer siglo d.C., lo que significa que la mayor parte, sino toda la Biblia, no fue originalmente escrita para nosotros. Los autores tuvieron en mente la audiencia de su época y probablemente no tenían idea de que sus palabras serían leídas por gente de todo el mundo siglos más tarde. Eso debe motivarnos a ser muy cuidadosos cuando interpretamos la Biblia para los cristianos de la actualidad. Parece ser que mucha de la predicación contemporánea está tan preocupada por la relevancia, que tratamos la Biblia como si fuera un lago del cual pescamos aplicaciones para los cristianos de hoy. Y esto se hace a expensas de la interpretación y exégesis correcta. 



Las tres principales reglas de la hermenéutica (el arte y ciencia de la interpretación bíblica) son; 1) el contexto; 2) el contexto; y 3) el contexto. Antes de que podamos decirles a los cristianos del siglo XXI cómo se aplica la Biblia a ellos, primero debemos llegar a la mejor comprensión posible de lo que la Biblia quiso comunicar a su audiencia original. Si extraemos una aplicación que resultaría extraña para la audiencia original, hay una gran posibilidad de que no hayamos interpretado el pasaje correctamente. Una vez que tengamos la confianza de que ya comprendimos lo que significaba el texto para sus oyentes originales, entonces necesitamos considerar las diferencias entre ellos y nosotros. ¿Cuáles son las diferencias en lenguaje, cultura, geografía, lugar y situación? Todos estos aspectos tienen que tomarse en consideración antes de hacer la aplicación. Una vez que entendamos la divergencia de nuestras culturas, podremos encontrar las similitudes entre la audiencia original y nosotros. Finalmente, podremos así encontrar la aplicación para nosotros en nuestro tiempo y situación. 

También es importante el hecho de que cada pasaje solo tiene una interpretación correcta. Puede tener una gama de aplicaciones, pero solo una interpretación. Esto significa que algunas aplicaciones son mejores que otras. La aplicación que esté más cercana a la interpretación correcta, es una mejor aplicación del texto. Por ejemplo, se han predicado muchos sermones basados en 1 Samuel 17 (la historia de David y Goliat) que implica “vencer los gigantes en tu vida.” Pero apenas tocan los detalles de la narrativa y van directo a la aplicación, lo que usualmente incluye alegorizar a Goliat con una dificultad, o situaciones intimidantes que debemos vencer por fe. También hay intentos de alegorizar las cinco piedras lisas que David recogió. Estos sermones usualmente concluyen exhortándonos a ser fieles como David. 

Si bien estas interpretaciones arman sermones atractivos, es dudoso que la audiencia original hubiera recibido ese mensaje de esta historia. Antes de que podamos aplicar la verdad de 1 Samuel 17, debemos saber cómo lo entendió la audiencia original, y eso significa determinar el propósito general de 1 Samuel como un libro. Sin entrar en una exégesis detallada, solo digamos que no se trata de desafiar a los gigantes en tu vida. Eso puede ser una ‘aplicación’ distante del pasaje, pero como ‘interpretación’ es ajena al texto. Dios es el héroe de la historia y David es Su instrumento elegido para traer la salvación a Su pueblo. La historia contrasta al rey del pueblo (Saúl) con el rey de Dios (David), y también prefigura lo que Cristo (el Hijo de David), haría al proveer nuestra salvación. 

Otro ejemplo común de interpretar sin considerar el contexto, es Juan 14:13-14. Al leer este verso fuera del contexto, parecería indicar que si le pedimos a Dios ‘cualquier cosa’ la recibiremos, en tanto usemos la fórmula “en el nombre de Cristo.” Aplicando las reglas de una hermenéutica apropiada a este pasaje, vemos que Jesús les está hablando a Sus discípulos en el aposento alto la noche que fue traicionado. La audiencia inmediata son los discípulos. Esta es esencialmente una promesa para los discípulos de Jesús, de que Dios proveería los recursos necesarios para que ellos llevaran a cabo sus ministerios. Es un pasaje de consuelo, porque Jesús pronto los dejaría. ¿Hay una aplicación para los cristianos del siglo XXI? ¡Desde luego! Si oro de acuerdo a la voluntad de Dios (en el nombre de Cristo), Dios nos dará lo que necesitamos para llevar a cabo Su voluntad en y a través de nosotros. Además, la respuesta que obtengamos, siempre glorificará a Dios. Lejos de darnos cualquier cosa que deseemos, este pasaje nos enseña a sujetarnos a la voluntad de Dios en oración, ya que Dios siempre proveerá lo que necesitemos para llevar a cabo Su voluntad. 

La interpretación bíblica apropiada es construir sobre los siguientes principios: 

1. El contexto. Para entender plenamente, comienza por lo pequeño y extiéndete hacia fuera: verso, pasaje, capítulo, libro, autor y testamento o pacto. 

2. Tratar de comprender cómo habría entendido el texto la audiencia original.

3. Considerar las diferencias entre tu cultura y la de la audiencia original.

4. Si un mandato moral del Antiguo Testamento es repetido en el Nuevo Testamento, considéralo una “verdad eterna.”

5. Recuerda que cada pasaje tiene una sola y correcta interpretación, pero puede tener muchas aplicaciones (algunas mejores que otras). 

6. Sé siempre humilde, y no olvides el papel del Espíritu Santo en la interpretación. Él ha prometido guiarnos a toda la verdad (Juan 16:13).

Como antes mencionamos, la interpretación bíblica es tanto un arte como una ciencia. Hay reglas y principios, y algunos de los pasajes más difíciles requieren más esfuerzo que otros. Debemos estar siempre abiertos a cambiar una interpretación si el Espíritu nos convence y la evidencia lo apoya.

Cortesia de Got Questions

domingo, 26 de noviembre de 2017

"¿ La salvación es por fe solamente, o por fe mas obras?"

 "¿ La salvación es por fe solamente, o por fe mas obras?"

 En toda la Teologia Cristiana e
sta es tal vez la pregunta más importante . Esta pregunta es la razón de la Reforma – la división entre la iglesia Protestante y la iglesia Católica. Esta pregunta es una diferencia clave entre el Cristianismo Bíblico y la mayoría de las sectas que profesan ser “Cristianas”. ¿Es la salvación por fe solamente, o por fe más las obras? ¿Soy salvo solamente creyendo en Jesús, o tengo que creer en Jesús y hacer ciertas cosas?

El asunto de la fe sola o de la fe más obras, se ha hecho difícil a causa de algunos pasajes de la Biblia difíciles de conciliar. Compare Romanos 3:285:1 y Gálatas 3:24 con Santiago 2:24. Algunos ven una diferencia entre Pablo (la salvación es por fe solamente) y Santiago (la salvación es por fe más obras). En realidad, Pablo y Santiago no discrepan del todo. El único punto de disconformidad que algunas personas demandan, es sobre la relación entre la fe y las obras. Pablo dogmáticamente dice que la justificación es por fe solamente (Efesios 2:8-9) mientras Santiago parece estar diciendo que la justificación es por fe más obras. Este aparente problema es resuelto exactamente al examinar de qué estaba hablando Santiago. Santiago refutaba la creencia de que una persona pudiera tener fe sin producir ninguna buena obra (Santiago 2:17.18). Santiago enfatiza el punto de que la fe genuina en Cristo va a producir una vida cambiada y buenas obras (Santiago 2:20-26). Santiago no está diciendo que la justificación es por fe más obras, sino que más bien una persona verdaderamente justificada por fe va a tener buenas obras en su vida. Si una persona demanda ser un creyente, pero no tiene buenas obras en su vida – entonces es probable que no tenga una fe genuina en Cristo (Santiago 2:14172026).

Pablo dice lo mismo en sus escritos. Los buenos frutos que los creyentes deberían tener en su vida, están listados en Gálatas 5:22-23. Inmediatamente después de decirnos que somos salvos por fe y no por obras (Efesios 2:8-9), Pablo nos informa que fuimos creados para hacer buenas obras (Efesios 2:10). Tanto Pablo como Santiago esperan nada menos que una vida cambiada, “¡De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas!” (2ª Corintios 5:17) Santiago y Pablo no discrepan en su enseñanza sobre la salvación. Ellos se acercan al mismo asunto desde diferentes perspectivas. Pablo simplemente enfatizó que la justificación es solamente por fe, mientras Santiago pone énfasis en el hecho de que la fe en Cristo produce buenas obras.
Amen, Aleluya

jueves, 9 de noviembre de 2017

"¿Qué dice la Biblia acerca del crecimiento de la iglesia?"

"¿Qué dice la Biblia acerca del crecimiento de la iglesia?"

 
Aunque la Biblia no se refiere específicamente al crecimiento de la iglesia, el principio del crecimiento de la iglesia es el entendimiento de lo que dijo Jesús “…y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” (Mateo 16:18). Pablo confirmó que la iglesia tiene su fundamento en Jesucristo (1 Corintios 3:11). Jesucristo es también la cabeza de la iglesia (Efesios 1:18-23) y la vida de la iglesia (Juan 10:10). Habiendo dicho esto, debe ser recordado que el “crecimiento” puede ser un término relativo. Hay diferentes clases de crecimiento, algunas de las cuales no tienen nada que ver con números. 

Una iglesia puede estar viva y creciendo, aún cuando el número de sus miembros o congregantes no cambie. Si aquellos que están en la iglesia están creciendo en la gracia y el conocimiento del Señor Jesús, sujetando sus vidas a Su voluntad, tanto individual como colectivamente, esa es una iglesia que está experimentando un verdadero crecimiento. Al mismo tiempo, una iglesia puede estar aumentando su membrecía semanalmente, llegando a contar con grandes números, y aún así estar muerta espiritualmente. 

El crecimiento de cualquier tipo sigue un patrón típico. Al igual que un organismo, la iglesia local tiene a aquellos que plantan la semilla (evangelistas), aquellos que riegan la semilla (pastores/maestros), y otros que usan sus dones espirituales para el crecimiento espiritual de los que están en la iglesia local. Pero nótese que es Dios quien da el crecimiento (1 Corintios 3:7). Aquellos que plantan y aquellos que riegan recibirán cada uno su propia recompensa, de acuerdo a su labor (1 Corintios 3:8).

Debe haber un balance entre quienes plantan y quienes riegan para el crecimiento de la iglesia local, lo que significa que en una iglesia sana, cada persona debe saber cuál es su don espiritual, para que pueda funcionar plenamente dentro del Cuerpo de Cristo. Si el plantar y el regar están fuera de balance, la iglesia no prospera conforme al propósito de Dios. Desde luego, debe haber obediencia y una dependencia diaria del Espíritu Santo, para que Su poder pueda ser derramado en aquellos que plantan y riegan, para que venga el crecimiento por parte de Dios.

Finalmente, la descripción de una iglesia viva y creciente, se encuentra en Hechos 2:42-47, donde se declara que los creyentes “…perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.” Luego dice que se ayudaban unos a otros, y alcanzaban a aquellos que necesitaban conocer al Señor, por lo que el Señor “añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.” Cuando estas cosas están presentes, la iglesia experimentará crecimiento espiritual, ya sea que haya o no un incremento numérico.
Bendiciones de Dios para todos.

"¿Qué significa que el hombre es hecho a la imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26-27)?"

"¿Qué significa que el hombre es hecho a la imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26-27)?"
En el último día de la creación, Dios dijo, “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza;..” (Génesis1:26). Y así, de esta manera Él terminó Su trabajo con un “toque personal”. Dios formó al hombre del polvo y le dio vida de Su mismo aliento (Génesis 2:7). De acuerdo a esto, el hombre es el único, entre toda la creación de Dios, que tiene una parte material (cuerpo) y una inmaterial (alma / espíritu).

Tener la “imagen” o “semejanza” de Dios significa, en términos simples, que fuimos hechos para parecernos a Dios. Adán no se parecía a Dios en el sentido de que Dios tuviera carne y sangre. La Escritura dice que “Dios es espíritu” (Juan 4:24) y por tanto Él existe sin un cuerpo material. Sin embargo, el cuerpo de Adán reflejó la vida de Dios, en cuanto a que fue creado con perfecta salud y no estaba sujeto a morir.

La imagen de Dios se refiere a la parte inmaterial del hombre. Esto coloca al hombre aparte del mundo animal, adecuándolo para el “dominio” que Dios le designó (Génesis 1:28), y capacitándolo para tener comunión con su Creador. Es una semejanza mental, moral y social.

Mentalmente, el hombre fue creado como un ser racional con voluntad propia – en otras palabras, el hombre puede razonar y elegir. Este es el reflejo de la inteligencia y la libertad de Dios. En cualquier momento alguien inventa una máquina, escribe un libro, pinta un paisaje, disfruta una sinfonía, calcula una suma, o nombra a una mascota, él o ella están proclamando el hecho de que fueron hechos a la imagen de Dios.

Socialmente, el hombre fue creado para tener compañerismo. Esto refleja la Trinidad de Dios y Su amor. En el Edén, la primera relación que tuvo el hombre fue con Dios (Génesis 3:8 implica esta relación con Dios), y Dios hizo a la mujer, primeramente porque “no es bueno que el hombre esté solo...” (Génesis 2:18) Cada vez que alguien se casa, hace un amigo, abraza a un niño, o asiste a una iglesia, está demostrando el hecho de que fuimos hechos a la semejanza de Dios.

Parte del haber sido hechos a la imagen de Dios, es que Adán tuvo la capacidad de tomar decisiones libremente. Aunque le fue dada una naturaleza justa, Adán hizo una mala decisión al rebelarse en contra de su Creador. Al hacerlo, Adán dañó la imagen de Dios de su interior, y pasó esa semejanza dañada a todos sus descendientes, incluyéndonos a nosotros (Romanos 5:12). Hoy, todavía llevamos esa semejanza de Dios (Santiago 3:9), pero también llevamos las cicatrices del pecado, y mostramos los efectos mental, moral, social y físicamente.

Las buenas noticias son que, cuando Dios redime a un individuo, Él comienza a restaurarlo su semejanza original, haciendo de él “... el nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” (Efesios 4:24; ver también Colosenses 3:10).
Bendiciones de Dios para todos

sábado, 12 de agosto de 2017

“Separados De Dios Nada Podemos Hacer


“Separados De Dios Nada Podemos Hacer.”  Juan 15:5

            Separados de Dios nada podemos hacer.  Nos traicionamos  a nosotros mismos.  Porque estamos llenos de tantos argumentos, de tanta lógica y razonamientos humanos. El hombre es capaz de enfrentar a otras personas y no a si mismo.  Muchos están llenos de tantas cosas que viven cargados. Sus conversaciones no son sinceras.  Bienaventurados los que viven una vida liviana porque han decidido caminar en pureza, en la verdad.  No te conviertas en pura mentira.  Hablemos las cosas como son no con mentiras, pues lentamente se va uno alejando de Dios.  Pensamos que sabemos cómo vivir la vida y cómo tomar decisiones por nosotros mismos, pero separados de Dios nada podemos hacer.  Si en verdad decidiéramos conocernos nos enfrentaríamos a nosotros mismos y supiéramos tomar las mejores decisiones.
            Algunos están llenos de mucha vanidad, una vanidad que zarandea, que les posee y les hace actuar mal.  Están llenos de sentimientos.  Cuando se habla de acuerdo a la vanidad nos convertimos en autosuficientes.  A veces según va pasando el tiempo queremos darle ayuda a Dios, pero nosotros sin Él nada somos; Él sin nosotros sigue siendo Dios.  Hay que vivir con convicción, no en fantasía sino en pura realidad.  Al estar tan llenos de nosotros mismos creemos que podemos caminar conforme a lo que pensamos olvidándonos que sin Dios no somos nada. El que piensa solo en sí mismo no quiere ver los que están a su alrededor y se  convierten en personas crueles.
            No hay exigencia mayor para alguien en la tierra sino para aquellos que somos hijos de Dios.  Hay que estar en Él para poder tener vida, la vida esta en Él.  La vida no es por el aire que respiramos, la vida es por Cristo, si Él no estuviera en nosotros, ¿cómo estaríamos?  Si Él no estuviese en nosotros no tuviéramos paz.  El futuro es incierto, si estamos llenos de nosotros mismos no habrá consuelo.  Buscamos fuerzas para poder  vencer y nos llenamos de nosotros mismos en vez de llenarnos de Dios que es lo que nos conviene.  Debemos buscarlo a Él y darle gracias al Señor por todo lo que nos ha dado.
            Cristo es la vid.  El pámpano se corta y éste el que produce el fruto. El pámpano se tiene que podar, pero la vid no porque ella es un tronco fuerte.  Tenemos que morir cada día para ser un pámpano que tome de los nutrientes de la vid.  ¿Cómo vamos a adquirir y alimentarnos de la vid si todo nuestro ser está lleno de nosotros mismos?  El pámpano es el que da su fruto y tenemos que darlo a 100, 60 y 30 por uno. Cuanto más nosotros muramos a nosotros mismos más fruto podemos dar.  Si dejamos que la vid fluya en nosotros tendremos para ganar.  Busquemos que en nuestras vidas viva Cristo. 
            El Apostol Pedro fue muriendo cada día a él mismo y Cristo se fue haciendo más grande en su vida.  pudo moverse con compasión porque fue capaz de morir a él para que la vida de Cristo lo llenara.  Si queremos ser piadosos y que Cristo esté depositado en nosotros tenemos que morir a nosotros mismos.  Si no permanecemos en Cristo Él no permanecerá en nosotros.  El pámpano es para dar fruto.  La madera del  pámpano no sirve para hacer muebles su utilidad  es dar fruto.  Cristo se quiere manifestar sobre esta tierra, en nosotros que somos los pámpanos.  Si decidimos permanecer en Él vamos a dar mucho fruto.(Jn 15:5),  Para poder dar fruto hay que amar.  El amor no viene de nosotros sino de Dios.  Dios escogió a Pedro porque estaba dispuesto a dar el 100 de si mismo. Según los días, a Pedro se le cortaba como a un pámpano para que diera fruto.
            El secreto de la vida para tener éxito es la oración , es permanecer sobre toda tempestad.  Mientras más oramos más cerca estamos de Jesús y así vamos muriendo a nosotros mismos.
           Tan importante es para una rama dar frutos. así lo es el pámpano.  Nosotros sin Dios estamos secos no podemos dar ningún fruto.  El 100 no es la capacidad humana sino la disposición de amar.  Nuestra existencia la hemos extraído de la misma vid.  Somos lo que somos hoy día porque lo hemos tomado de la vid.  El que se ha separado de Él vuelve atrás y aun peor, será cortado , apartado y hechado al fuego para su destrucción . No se puede hacer nada sin Jesús porque en nosotros no hay nada bueno, no hay piedad, bondad, misericordia, porque esto viene de la vid. (Sal. 14:3, 53:3, y Ro. 3;12)
            Sin la gracia de Cristo el ser humano no puede hacer nada.  Solamente en Cristo es que nuestras vidas cambian y dependemos totalmente del Señor como ramas que somos.  No dependemos del  hombre sino de Dios para que tomemos todo lo bueno del Él para tenerlo en nosotros porque necesitamos producir en otros un bien, un bienestar.  Separados de Él lo único que tendremos es tristeza, dolor

. En (Jn 14:6)  “ Jesús  dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.:.  Separados no podemos hacer nada, porque el pámpano en sí es inútil, se seca.  Mejor es no haber nacido que conocerlo y volver atrás es lo que nos dice: 2Pdro 2:21 hermanos.  Aunque aquí habla de uno de los pecados mas grande que es la Apostasia, es de eso que hablamos, separarce de Cristo, no tenerlo.  Separados de Él nos convertimos en inútilesy a la vez obtenemos muerte.  Cuando el hombre se seca es porque ha dejado de orar.  El pámpano que pierde la comunión con Dios no llega a conocer los misterios del Señor y la rama se seca porque separados de Él nada podemos hacer.  Ahí comienzan los grandes problemas y los ataques.  La Biblia nos cuenta muchos casos de ejemplo, uno de ellos fue Judas no quiso estar cerca de la vid y así se condenó.  Seamos fieles a Cristo hermanos y venceremos. Amén.

Hechos 20:29-31
Sé que después de mi partida, vendrán lobos feroces entre vosotros que no perdonarán el rebaño, y que de entre vosotros mismos se levantarán algunos hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos. Por tanto, estad alerta, recordando que por tres años, de noche y de día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas.

1 Juan 4:1-6

Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus para ver si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo. En esto conocéis el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; y este es el {espíritu} del anticristo, del cual habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.    Leer más.

viernes, 21 de julio de 2017

" Tomar el nombre del señor en vano, ¿Qué significa esto ?"

" Tomar el nombre del señor en vano, ¿Qué significa esto ?"

Muchas personas creen que tomar el nombre del señor en vano se refiere al uso del nombre del señor como una palabra grosera, pero esto abarca algo mucho más que un uso en vano del nombre de Dios. Para comprender la gravedad de tomar el nombre del señor en vano, primero tenemos que ver el nombre del señor desde su perspectiva como se describe en las escrituras. El Dios de Israel es conocido por muchos nombres y títulos, pero el concepto encarnado en el nombre de Dios, desempeña un papel importante y único en la biblia. La naturaleza y los atributos de Dios, la totalidad de su ser, y especialmente su gloria, se reflejan en su nombre (Salmo 8:1). El Salmo 111:9 nos dice que su nombre es “santo y temible", y la oración del señor comienza dirigiéndose a Dios con la frase "santificado sea tu nombre" (Mateo 6:9), siendo esta una indicación de que en nuestra oración la reverencia hacia Dios y a su nombre, debe ser lo más importante. Con frecuencia entramos en la presencia de Dios con presuntuosas "listas de responsabilidades" para él, sin ser conscientes de su santidad, su grandeza, y el enorme abismo que separa nuestra naturaleza de la suya. El que se nos permita incluso venir delante de su trono, es por causa únicamente de su gracia y de su amor misericordioso para con su pueblo (Hebreos 4:16). Nunca debemos subestimar esa gracia.

A causa de la grandeza del nombre de Dios, cualquier uso del nombre de Dios que lo deshonre o deshonre su carácter, es porque se está tomando su nombre en vano. El tercero de los diez mandamientos prohíbe tomar o usar el nombre del señor en una forma irreverente porque eso indicaría una falta de respeto a Dios mismo. Una persona que usa incorrectamente el nombre de Dios, el señor no lo dará por "inocente" (Éxodo 20:7). En el antiguo testamento, se deshonraba el nombre de Dios cuando no se cumplía con un juramento o una promesa hecha en su nombre (Levítico 19:12). El hombre que usaba el nombre de Dios para legitimar su juramento y, luego rompía su promesa, daba a entender su falta de reverencia hacia Dios, así como una falta de temor de su santo castigo. Era esencialmente lo mismo que negar la existencia de Dios. Sin embargo, para los creyentes no hay necesidad de usar el nombre de Dios para legitimar un juramento, ya que en primer lugar no estamos llamados para hacer juramentos; que nuestro hablar sea "sí" y nuestro no sea "no" (Mateo 5:33-37).

Hay un sentido más amplio en el que la gente de hoy toma el nombre del señor en vano. Aquellos que mencionan el nombre de Cristo, que oran en su nombre, y que toman su nombre como parte de su identidad, pero que deliberada y continuamente desobedecen sus órdenes, están tomando su nombre en vano. A Jesucristo se le ha dado el nombre sobre todo nombre, ante quien toda rodilla se doblará (Filipenses 2:9-10), y cuando asumimos el nombre "cristiano", lo debemos hacer con la comprensión de lo que esto significa. Si profesamos ser cristianos, pero actuamos, pensamos y hablamos en una manera mundana o profana, estamos tomando su nombre en vano. Cuando representamos inadecuadamente a Cristo, ya sea intencionalmente o por ignorancia de la fe cristiana como se proclama en las sagradas escrituras, estamos tomando el nombre del señor en vano. Cuando decimos que lo amamos, pero no hacemos lo que él nos manda (Lucas 6:46), estamos tomando su nombre en vano y estamos en peligro de escucharle decir, "Nunca os conocí; apartaos de mí” en el día del juicio final (Mateo 7:21-23).


El nombre del señor es santo, como él es santo. El nombre del señor es una representación de su gloria, su majestad, y su deidad suprema. Debemos estimar y honrar su nombre mientras lo reverenciamos y glorificamos. Hacer algo menos que eso, es tomar su nombre en vano.