Exégesis de: Génesis 3:15
[15] Y pondré enemistad entre ti y
la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza,
y tú le herirás en el calcañar.
Nuestro Señor Jesús es la simiente
perfecta de la mujer que quito nuestra enemistad con Dios, es el Pan de vida.
En Génesis 3:15 Dios está hablando
a la serpiente quien es Satanás y le dice: «Y pondré enemistad entre ti y la
mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y
tú le herirás en el calcañar». Es importante notar que esta enemistad
entre la serpiente y la mujer es una promesa de salvación que vendría de la
simiente de la mujer. La simiente de la mujer significa los hijos de Eva, el
linaje que vendría de la descendencia de Adán y Eva. Vemos que "a través
de las edades los comentaristas bíblicos han apuntado a Génesis 3.15 como el
«protoevangelio». Proto quiere decir
«primero», así que apuntan a este texto como conteniendo el primer anuncio de
perdón y restauración para el hombre caído". Sabemos que, en la caída del
hombre, ahora el hombre ha estado enemistado contra Dios, igual Satanás quiere
destruir a la simiente de la mujer ya que de la simiente de la mujer vendría un
salvador. Así como Dios prometió la simiente que vencería a Satanás, asimismo
prometió darnos un nuevo corazón y poner el Espíritu Santo en nosotros (Ez
36:26-27; Jn 14:17). Hoy podemos decir que nos ha hecho nacer de nuevo y nos ha
rescatado de nuestra vana manera de vivir y resucitado de nuestro estado de
muerte espiritual y nos ha reconciliado con Dios. Todo esto logrado por la
simiente de la mujer que habla en Génesis 3:15 es decir; Jesús. La victoria no será fácil, sin embargo, por
eso habrá un conflicto intenso con la simiente de la serpiente. En la línea del
tiempo de la historia de la Biblia Jesús el Cristo es la simiente predicha (Gal
3:16), quien triunfará sobre Satanás por medio de su muerte y
resurrección". Jesús es el Mesías prometido que mediante su vida, muerte y
resurrección venció a Satanás y nos llevo a reconciliarnos con Dios Padre y
ahora permanece en nosotros y nos ha libertado de la esclavitud del pecado.
Mira lo que dice 1 Juan 3:9: " Todo aquel que es nacido de Dios, no
practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede
pecar, porque es nacido de Dios". Sabemos que ahora estamos en
Cristo y el evangelio de las buenas nuevas nos hace reconocer nuestro pecado e
incapacidad y ver al único merecedor de gloria y alabanza nuestro rey y
salvador Jesucristo.
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